//El misterio de la familia Gill: pronto retomarían las excavaciones

El misterio de la familia Gill: pronto retomarían las excavaciones

A casi un año de comenzar los trabajos, la Justicia tiene todo listo para continuarlos. Trabajan en el campo de la estancia La Candelaria, donde vivía la familia antes de desaparecer sin dejar rastro

La búsqueda de la familia Gill en la Estancia La Candelaria en Crucecita Séptima -departamento Nogoyá– podría tener novedades en los próximos días. La Justicia, luego de un extenso período, tendría todo listo para retomar las excavaciones que comenzaron allá por febrero, y que luego de se detuvieron por cuestiones burocráticas y presupuestarias.

La información fue ratificada por fuentes judiciales. Cabe destacar que el principal sospechoso, aunque nunca imputado, era el dueño del campo Alfonso Goette, quien falleció en un accidente de tránsito en junio de 2016. Luego de su fallecimiento el testimonio de un sujeto que se animó a hablar dio pistas de dónde podría estar supuestamente enterrado el núcleo familiar.

Finalmente, y después de varios meses de espera, los trabajos se empezaron a ejecutar a principios de 2018, con resultados que prometían: los investigadores encontraron varios huesos, pero finalmente un antropólogo forense constató que eran de animales.

Ahora estarían dadas las condiciones para avanzar nuevamente con las excavación, a pocos días de que se cumpla el 17° aniversario de la misteriosa desparición de los seis integrantes de la familia Gill.

EL CASO

José Rubén «Mencho» Gill, de 56 años en aquel momento; su esposa, Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos, María Ofelia, de 12; Osvaldo José, de 9; Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2, desaparecieron el 13 de enero de 2002.

La familia completa vivía en La Candelaria, el campo donde el hombre trabajaba como peón rural de Goette. Mecho Gill fue visto con vida por última vez en el velorio de un amigo el 13 de enero de 2002, en Viale.

Tres meses después de su desaparición, el 3 de abril, recién el dueño del campo, Alfonso Goette, fue a la casa de Luisa, una hermana Gill, y preguntó ellos. Allí, dijo que habían salido de vacaciones y nunca habían regresado. La familia no le creyó y piensa que el fallecido estanciero fue el responsable de la desaparición.

En el galpón que funcionaba como casa de la familia dentro de La Candelaria, no había indicios de que hubieran salido de vacaciones, porque allí estaban sus documentos, ropa, pertenencias. Además, la esposa de Gill dejó sueldos sin cobrar en la escuela donde trabajaba.

En principio la Justicia le creyó a Goette y su historia de las presuntas vacaciones. Luego, un año y medio después de la desaparición, ocurrieron las primeras pericias en el campo, pero sin resultados positivos. También se tomaron testimonios y hubo control en las fronteras. Siempre sin datos.

María Adelia Gallegos, madre de la esposa de Gill y abuela de los niños, opinó que «el error es buscarlos vivos, porque ellos ya están muertos y enterrados. Para mí tienen que buscar donde vivían, en el campo de Alfonso Goette».

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